Enviar por correo electrónico
Completa los datos requeridos en el formulario para compartir esta página con tus amigos.
Enviar a tu móvil
Envía los ingredientes de esta receta a tu móvil y consulta tu lista cuando más la necesites.
Inicia tu sesión aquí
Debes estar registrado para subir tu receta.
El asesinato en Cuba del niño Ángel Izquierdo Medina
Ángel Izquierdo Medina, niño de 14 años, se subió a una mata de mamoncillos en una finca abierta al público y recibió un tiro por la espalda, que le costó la vida.
- Getty Images
Ángeles y victimarios
Ángel Izquierdo Medina, niño de 14 años, se subió a una mata de mamoncillos en una finca abierta al público y recibió un tiro por la espalda, que le costó la vida.
Desde la noche del viernes 15 de julio, la bloguera cubana Laritza Diversent envió una serie de mensajes via Twitter, denunciando el asesinato de Ángel a manos de un oficial de la policía retirado, Amado Interián. Según el testimonio de los familiares de Ángel y de varios disidentes, Interián tiene fama de violento.
Oscar Haza entrevistó a la madre y a la abuela de Ángel, Raisa Medina Escacheli y Rafaela Lezcay Quintero, ambas residentes de Mantilla, Arroyo Naranjo, provincia de La Habana, quienes dieron testimonios desgarradores, así como al opositor Alfredo Fernández Soto.
La abuela, Rafaela, manifestó a Oscar que "el pueblo está indignado, dicen que el capitán está enfermo de los nervios, entonces, ¿cómo tiene un arma?"
Fernández Soto, del Partido 30 de Noviembre Frank País, subrayó a Oscar que "la situación está calmada, hay poca información. Los familiares tienen poca información."
Ángeles y Victimarios
El abogado René Gómez Manzano escribió un artículo, titulado Ángeles y Victimarios, que reproducimos a continuación:
Hace casi medio siglo, el Premio de Teatro del Concurso Literario Casa de las Américas recayó en la pieza Un pequeño día de ira, del mexicano Emilio Carballido. Corría 1962, y le había llegado la hora al “arte de combate”, inspirado en el “realismo socialista” de pura raigambre estalinista.
En ese ambiente cayó como anillo al dedo la obra mencionada, donde, aunque no falta el oficio dramatúrgico, priman la exaltación y el extremismo propios de la literatura “social y comprometida” de los nuevos conversos, una digestiva papilla intelectual particularmente apta para el consumo de camaradas proletarios.
El argumento de la pieza es sencillo: En un pueblito tropical de las tierras bajas de México, se enfrentan los “buenos” y los “malos”, que coinciden exactamente con pobres y ricos, sin el menor matiz. Opulentos que sólo viven para la maldad y la explotación, y miserables incapaces de hacer daño. El amor sólo es tal entre personajes humildes; los adinerados conocen únicamente de hábitos, intereses y convenciones sociales.
El centro de la trama lo constituye la incursión de varios niños pobres, con el fin de tomar unos mangos, en tierras de la máxima exponente de la perversidad: doña Cristina Cifuentes de Vargas, alias La Bruja. Ésta, de un certero disparo, mata a Ángel, uno de los transgresores, y recibe después el amparo de las autoridades.
En protesta contra la injusticia, las masas acuden al atropello y la destrucción. Un Narrador parcial relata las acciones de la turba contra distintas familias adineradas: “Les pegamos a todos”; al abogado “lo emplumamos”, y a su mujer e hijas, “las manoseamos y les rompimos la ropa”. Curioso antecedente de los actuales “actos de repudio”.
Tras medio siglo de castrismo, impactan como una alucinante premonición las palabras del Narrador sobre la actitud de las masas ante el poder: “Es un pueblo tranquilo. Cada quien piensa en sí mismo, cada quien ve de frente y a los lados, pero no más allá”. “Pequeñas, pequeñísimas miras individuales. Cada quien por sí, para sí. La comida, la siesta, el amor. El cine”. Sólo habría que cambiar el séptimo arte por la televisión.
Estas remembranzas de la vieja obra vienen al caso ahora, tras la noticia de la prensa independiente cubana (la oficialista ha guardado silencio, como siempre) sobre el asesinato de un niño —cuyo nombre, por coincidencia, también era Ángel—, baleado por un ex represor castrista mientras tomaba frutas de un árbol de su posesión.
Aquí cabría parafrasear la conocida expresión: Cualquier semejanza no es pura coincidencia. A comienzos de los años sesenta, las ideas iban dirigidas contra los burgueses que defendían su propiedad; entre socialistas y “revolucionarios” imperaba la filosofía del despojo. Ahora son los privilegiados del nuevo régimen quienes protegen sus bienes de “la chusma” a como dé lugar.
No importa que el ex corchete Amado Interián, el asesino, no sea un dueño propiamente dicho: el matador tenía sobre el árbol frutal apenas el usufructo, un derecho ideado por los castristas que puede ser revocado por decisión burocrática, pero igual estaba dispuesto a preservarlo con uñas y dientes.
El caso de Ángel Izquierdo Medina, el niño asesinado, ha trascendido porque sucedió en una populosa barriada habanera y llegó a oídos de la aguerrida prensa independiente. ¡Sólo Dios sabe cuántos otros ángeles habrán perdido la vida de igual manera en los solitarios campos cubanos!
La Habana, 28 de julio de 2011.
© 2011 Univision Communications Inc.
- Artículo anteriorPolicías y bomberos piden la salida de Regalado de la alcaldía
- Próximo artículoEl Jackson no está a la venta, dijo Migoya
- Artículo anteriorPiden la salida de Regalado de la alcaldía
- Próximo artículoEl Jackson no está a la venta, dijo Migoya
Publicidad | Vea su anuncio aquí
Artículos
Videos
Fotos
Publicidad | Vea su anuncio aquí